
Hoy tenemos con nosotros a Fernando Vizcaíno Carles, autor de Los amos del mundo (The Big Three), una obra que nos invita a mirar más allá de la política visible y a preguntarnos dónde reside realmente el poder en nuestro tiempo.
Cuando hablamos de poder, solemos pensar en gobiernos, parlamentos, presidentes o grandes organismos internacionales. Sin embargo, detrás de muchas de las principales empresas, entidades financieras y decisiones económicas aparecen enormes gestoras de activos, fondos de inversión y grupos bancarios que administran cantidades de dinero superiores incluso al producto interior bruto de muchos países.
En su libro, Fernando Vizcaíno analiza especialmente el papel de gigantes financieros como BlackRock, Vanguard y State Street, cuya presencia se extiende por miles de compañías y sectores estratégicos. La cuestión que plantea es tan sencilla como trascendente: ¿hasta qué punto la concentración del capital y de los derechos de voto puede convertirse también en una forma de poder económico, político y social?
A lo largo de esta conversación intentaremos conocer cómo funciona esa estructura financiera, qué mecanismos permiten ejercer influencia sobre las empresas y los Estados y qué parte de esta realidad se encuentra documentada. También abordaremos algunos de los interrogantes que suscita la tesis del libro: si realmente existe una dirección coordinada del sistema o si, por el contrario, estamos ante una red compleja de intereses, decisiones independientes y fuerzas económicas que nadie controla completamente.
Hoy queremos acercarnos a estas cuestiones con curiosidad y espíritu crítico, escuchando los argumentos del autor y ofreciendo a quienes nos acompañan elementos para formarse su propia opinión.
Fernando Vizcaíno Carles, bienvenido. Para comenzar, ¿por qué has decidido publicar esta obra de forma gratuita, pese a que ya tienes muchos libros publicados en venta en Amazon?
Fernando Vizcaíno: Inicialmente, decidí no publicar esta obra en Amazon por un motivo muy concreto de legítima defensa: el miedo real a que la plataforma me censurara el contenido y me eliminara la cuenta de golpe, borrando del mapa todos mis otros libros que tengo allí en venta. Mientras buscaba una plataforma alternativa libre de censura donde poder venderlo sin correr ese peligro, se me encendió la luz y me di cuenta de que lo mejor era dar un golpe sobre la mesa y lanzarlo de forma totalmente gratuita. El objetivo era que la obra se distribuyera masivamente sin ningún tipo de barrera económica o corporativa. Lo que jamás me imaginé fue sufrir la colosal recepción que ha tenido; el enlace se colgó en mi canal de Telegram y, a hoy las 9 de la mañana, exactamente 24 horas después de su publicación, el servidor ya registraba más de 3.000 descargas gratuitas del ejemplar. La estrategia de esquivar el boicot regalando este misil informativo ha resultado un éxito rotundo e imparable.
- ¿Qué descubrimiento concreto le llevó a escribir este libro y cual es la tesis principal del libro?
F.V: Para mí no fue un «descubrimiento» repentino, porque a nivel intuitivo siempre he tenido la conciencia —como mucha otra gente— de que el mundo está gobernado y tutelado por unas mismas megacorporaciones globales.
El verdadero suceso inicial que lo desencadenó todo ocurrió cuando me llevaron a varios directos en televisión. En los platós, los presentadores y tertulianos me hacían preguntas y me trataban abiertamente de «conspiranoico» porque yo afirmaba que las grandes corporaciones estaban detrás de toda esta trama. El problema es que en ese instante yo solo tenía la certeza intuitiva; no tenía los nombres propios sobre la mesa, ni las respuestas técnicas concretas. No había oído hablar nunca de Vanguard Group ni de BlackRock.
Me di cuenta de que para defenderme contra los medios de comunicación y responder con propiedad, necesitaba pruebas inapelables. Fue a raíz de esa necesidad de legítima defensa cuando di el salto a los documentales y a los artículos de investigación, donde me vi obligado a documentarlo todo perfectamente.
En la calle, además, la gente se hacía constantemente la misma gran pregunta: ¿Cómo es posible que todos los medios del planeta, y todos los políticos de derechas o izquierdas, se unan para repetir el mismo guion de mentiras? Por eso me puse a investigar a fondo los registros oficiales de la SEC y la CNMV, desglosando toda esa telaraña financiera en mi artículo de inicial en diario16plus y, ahora, en los amos del mundo (The Big Three). La razón de ser de esta obra fue transformar mi intuición inicial en una auditoría financiera que los telediarios ya no pueden rebatir, permitiendo que el ciudadano de a pie entienda cómo funciona la maquinaria que los engaña.
- ¿Hubo algún dato o descubrimiento que cambiara su forma de entender el sistema financiero?
F.V: No hubo ninguna gran sorpresa. Yo ya conocía de antes el fraude de la deuda, por lo que el mecanismo monetario no era algo nuevo para mí. Lo verdaderamente definitivo de mi investigación fue la confirmación del accionariado cruzado; me sirvió para comprobar con matemáticas exactas lo que en el fondo de mi ser ya sabía: que los dueños de todo son siempre los mismos. Al auditar las empresas, saltó a la vista el patrón geométrico del podio: en el top 3 de casi cualquier multinacional siempre se repiten Vanguard y BlackRock.
- ¿Cuál diría que es la idea principal que le gustaría que conservara el lector después de terminar el libro?
F.V: Que vivimos en una tiranía mundial encubierta bajo una coartada democrática. El voto actual es una ilusión teatral; las instituciones públicas han sido vaciadas de poder. Los gobiernos operan hoy como meras sucursales encargadas de ejecutar las órdenes coloniales de un cártel financiero globalizado. Quien siga atrapado en el falso debate de izquierdas y derechas no está entendiendo nada.
- Cómo explicaría de forma sencilla qué son BlackRock, Vanguard y State Street y por qué han alcanzado tanta importancia?
F.V: Detrás de estas siglas corporativas se intuyen los linajes históricos del capitalismo global, familias como los Rothschild, Rockefeller, DuPont o Bush. No obstante, por la opacidad y el blindaje legal de fondos como Vanguard, no tenemos esa seguridad documental. Al no poder confirmar a ciencia cierta que se trata de estas familias, tampoco puedo llegar a describir con rotundidad cómo consiguieron tanto poder. Mi libro se centra estrictamente en lo demostrable: el mecanismo de control actual a través de las acciones de Wall Street.
- ¿Qué diferencia existe entre gestionar el dinero de los inversores y ser propietario efectivo de las empresas? ¿no responden las gestoras a los intereses de sus clientes? Algunos analistas critican que no se diferencia este punto al hablar del poder de estas compañías.
F.V: No poseo el conocimiento técnico para entrar en ese terreno de la economía teórica. Lo que se sale del mapa de la propiedad física de las empresas, prefiero dejarlo en manos de los teóricos de la economía y centrarme en los datos verificables que sostienen la tesis de la obra que el ciudadano de a pie sí puede comprender y verificar por sí mismo.
- ¿Hasta qué punto los grandes índices bursátiles determinan qué empresas reciben inversión?
F.V: Tienen un poder dictatorial absoluto. Los grandes índices no son termómetros neutrales; operan como listas de sumisión. Si Vanguard y BlackRock meten a una empresa en un índice, le inyectan miles de millones de euros automáticos. Pero si una compañía se sale de sus directrices globales, la expulsan del índice, activando un estrangulamiento financiero inmediato que desploma sus acciones y la fuerza a la quiebra o la absorción.
- ¿Quién establece los criterios que permiten a una empresa entrar o salir de un índice?
F.V: La respuesta es obvia: los establecen los propios propietarios y la gente que tiene el poder real en Vanguard y BlackRock. No hace falta buscar comités ocultos ni reglamentos complejos; el sistema funciona de forma circular. Quienes controlan los mayores fondos de inversión del planeta son los mismos que dictan las normas de entrada y salida de los índices bursátiles, asegurándose de que las listas siempre beneficien a sus propias corporaciones y estrangulen a cualquier competidor que no se someta a su control.
- ¿Qué influencia pueden ejercer los grandes bancos sobre las decisiones de política monetaria? Se espera que los bancos centrales sean organismos independientes que regulen el sistema con criterios objetivos.
F.V: Se esperaría que los bancos centrales fuesen organismos independientes que regulen el sistema con criterios objetivos, pero las cosas no son así. La realidad es muchísimo más sencilla y directa: los bancos centrales operan en perfecta connivencia y al servicio de este cártel de grandes corporaciones y fondos como Vanguard y BlackRock. No existe tal independencia; los mismos hilos que manejan la banca privada y los flujos globales de capital son los que dictan las políticas monetarias de los bancos centrales para proteger sus propios intereses y asfixiar la soberanía de los estados y de los ciudadanos.
- En su libro habla de la colonización de las administraciones y un sistema subordinado a la banca internacional. ¿Considera que no existe soberanía real de los Estados democráticos? Puedo entender el poder financiero, pero es difícil no defender que los partidos defiendan los intereses de sus votantes o ciertas ideas políticas. Existen partidos con políticas diferentes que se alternan en el poder. Incluso, actualmente tenemos un gobierno socialista con Podemos, entre los que se incluyen Yolanda Diaz, que se considera comunista.
F.V: La respuesta vuelve a ser obvia: si prácticamente todo el tejido empresarial y los recursos del planeta pertenecen a Vanguard y BlackRock, la soberanía nacional sencillamente no existe; es una respuesta que ya queda demostrada a lo largo de toda esta entrevista. Respecto a la clase política, la realidad es que existen partidos que presuntamente defienden ideologías y siglas diferentes, pero en la práctica todos obedecen a los mismos amos. El cártel financiero les tiene la soga apretada al cuello a través de la deuda externa de los países. Los políticos no son libres; son meros empleados que ejecutan las directrices del poder global porque saben perfectamente que, si deciden salirse del guion, el sistema activaría de inmediato un castigo económico, mediático e incluso a nivel judicial y policial que los destruiría básicamente.
- ¿Cómo explicaría a una persona sin formación económica el proceso de creación de dinero mediante el crédito bancario?
F.V: Se o explicaría diciendo que el dinero se crea de la nada, con un clic de ordenador, cada vez que alguien pide un crédito. Pero la gran trampa es que el banco genera el dinero del préstamo, pero no el dinero para pagar los intereses. Como esos intereses físicamente no existen en el sistema, la única forma de pagarlos es pidiendo más créditos —o que el Estado pida más deuda para meter liquidez en la calle—, lo que crea una espiral destructiva de más deuda para las personas, más deuda para el Estado y una inflación perpetua. El dinero actual es una soga digital que nos obliga a pedir prestado mañana solo para poder pagar los intereses de hoy.
- ¿Por qué los Estados recurren a los mercados financieros para financiarse en lugar de hacerlo directamente a través de sus bancos centrales?
F.V: Porque las leyes y los tratados internacionales que diseñó el propio cártel financiero se lo prohíben expresamente. En el caso de que algún político o gobernante intentase independizarse económicamente de ellos, sería destruido de inmediato; este cártel utilizaría todas sus herramientas disponibles para fulminarlo mediática y económicamente. Es exactamente lo que ocurrió a nivel histórico con Abraham Lincoln, quien quiso independizarse de la banca emitiendo su propia moneda soberana desde el Estado y libre de deuda, y pareciera que terminó siendo asesinado por ello.
- La deuda pública es principalmente una herramienta de financiación o también puede funcionar como un mecanismo de disciplina política?
F.V: La deuda pública, exactamente igual que la privada, es simplemente un fraude porque todo el sistema económico fiduciario (Fiat) actual es un fraude en sí mismo. No es una herramienta legítima; es un mecanismo de sumisión basado en lo que en la antigüedad se consideraba un delito grave: la usura. Históricamente, prestar dinero inventado de la nada para asfixiar al deudor estaba prohibido y perseguido por la ley. Lo que hoy nos venden como alta ingeniería financiera es, en realidad, la legalización de ese delito de usura a escala global para tener controlados a los Estados y arrodillados a los ciudadanos.
- China posee grandes bancos públicos y mantiene un fuerte control estatal sobre sectores estratégicos. Por otra parte, están los BRICS ¿Cómo encaja en la estructura que describe? Parece que en los últimos años han aparecido nuevos actores que pueden arrebatar la hegemonía económica a Estados Unidos.
F.V: Es un falso debate y un decorado teatral más para despistar a la población. El cártel financiero globalizado que describo en mi libro no tiene patria, ni bandera, ni ideología; controla tanto a los gobiernos de Occidente como a las potencias de los BRICS. Si vas a los registros oficiales de propiedad de las mayores corporaciones tecnológicas, industriales y energéticas de China, Rusia o Brasil, descubres que los accionistas mayoritarios que mueven los hilos vuelven a ser exactamente los mismos: Vanguard y BlackRock.
- La experiencia de Rusia desde 2022 muestra el poder de las finanzas occidentales o también sus límites. ¿Cree que existe un único centro de poder financiero o varios bloques que colaboran y compiten entre sí?
F.V: No existen varios bloques reales compitiendo por la libertad de los pueblos; existe un único centro de poder financiero global que maneja los hilos de ambos bandos. El escenario de Rusia desde 2022 no muestra los límites del sistema, sino cómo el propio cártel financiero utiliza los conflictos geopolíticos y el teatro de las sanciones para reestructurar los mercados, encarecer los recursos vitales de cara a la población y justificar el control social. Al final, las grandes corporaciones de armamento, energía y alimentación de un lado y de otro de la frontera responden ante los mismos fondos de inversión en Wall Street. La competencia entre bloques es solo la función teatral necesaria para mantener a la humanidad dividida mientras el control financiero centralizado sigue avanzando sin fronteras.
- ¿Es optimista sobre la posibilidad de democratizar el poder financiero?
F.V: (Carcajada directa).
- ¿Cómo distingue los activos bajo gestión de BlackRock, Vanguard o State Street del patrimonio que pertenece realmente a esas compañías? Como matización al poder de estas companies, muchos analistas indican que realmente no son propietarios de los fondos que gestionan.
F.V: Lo que estos analistas callan deliberadamente es que son estos fondos los que retienen y ejercen de forma exclusiva los derechos de voto de todas esas millones de acciones. Da igual quién sea el dueño teórico del dinero; el poder real lo tiene quien se sienta en las juntas de accionistas, pone y quita directores, dicta las políticas de las empresas y maneja el timón de la economía mundial. ¿Te imaginas a alguno de estos analistas o a cada uno de estos abuelitos pensionistas acudiendo a las reuniones a dar su voto? Suena a chiste.
- La investigación académica confirma una gran concentración de voto en las Big Three. No obstante, algunos analistas matizan que realizan una gestión pasiva y no suelen en la mayoría de los casos ejercer influencia en las empresas que participan. ¿Su crítica principal es que poseen las empresas o que ejercen un poder delegado desproporcionado en nombre de otros?
F.V: Mi crítica va al hecho de que tienen un poder casi absoluto. Detrás de la concentración aparente de voto se esconde toda una estructura piramidal y un desglose del accionariado en cascada que somete a los fondos menores. El cuento de la «gestión pasiva» es falso: si una decisión no les interesa o les da igual, adoptarán una postura pasiva; pero en el momento en que les interese lo más mínimo el resultado de lo que se va a votar, van a utilizar todo su peso para inclinar la balanza hacia donde ellos quieran. Siempre va a ser así cuando se posee la mayor concentración de voto.
- Nadie duda la influencia de estas empresas, pero muchos dudan de su capacidad efectiva para nombrar órganos, aprobar decisiones o imponer una estrategia en todos los casos. Además, sostiene que no hay evidencia de una actuación coordinada. ¿Qué respondería a quien considera que plantear que estos tres fondos son los amos del mundo es exagerado? Algunos comunicadores sostienen que cualquiera puede ser cliente de estas compañías, y que responden a criterios objetivos de inversión. Lo plantean como un simple instrumento de inversión al servicio de los ahorradores, algo parecido a ser cliente de una compañía telefónica. Aunque tengan mucha cuota de mercado, se limitan a ofrecer un servicio transparente.
F.V: Comparar a los amos del mundo con una compañía telefónica es ridículo: tu operador de teléfono te da una línea para hablar, pero Vanguard y BlackRock tienen el poder de cortarle la línea de financiación a Gobiernos enteros y apagar la economía de cualquier país si no se arrodilla ante sus órdenes.
- Al respecto de un artículo suyo anterior publicado a diario16, le pase una réplica realizada al mismo por el comunicador Lord Draugr, en el que no comparte su planteamiento y llegaba a la flexión de que lo realmente aterrador es que nadie controlaba nada. ¿Podría defenderse un planteamiento diferente, entendiendo el sistema financiero como un orden emergente, descentralizado e inestable, sin un centro de mando?
F.V: Esa hipótesis es todavía más ridícula que la anterior. Plantear que «nadie controla nada» y que el mercado es un ente descentralizado es de una ignorancia y una ceguera absolutas. La prueba definitiva de que sí hay un centro de mando la vivimos todos durante la pandemia: ¿cómo es posible que partidos de derechas e izquierdas, demócratas y republicanos, y absolutamente todos los canales de comunicación del mundo se pusieran de acuerdo de la noche a la mañana para defender la misma narrativa falsaria y mentirosa? Concebir que todo fue un orden espontáneo es absurdo; se alinearon porque los dueños de todo son siempre los mismos.
- Después de todo el análisis, ¿el verdadero problema son tres empresas concretas o que una parte enorme de los derechos políticos de millones de ahorradores se ejerza de forma centralizada y con escaso control democrático?
F.V: El problema real es que se ha permitido la creación de un cártel financiero privado que opera por encima de las leyes, de las naciones y de la propia coartada democrática, centralizando el destino de la humanidad en unos comités opacos que jamás han sido elegidos por nadie.
- ¿Qué aspecto de esta investigación considera todavía abierto?
F.V: El aspecto que considero totalmente abierto, y que de hecho constituye el gran misterio a resolver, es el blindaje legal que oculta la verdadera identidad de los propietarios últimos de Vanguard. Sabemos con datos oficiales que este fondo está en el podio de todas las multinacionales del planeta, pero la opacidad de su estructura societaria impide certificar con nombres y apellidos quiénes están detrás. Romper ese secreto corporativo y destapar la fractura legal de ese blindaje es el paso definitivo que queda por dar para poder señalar a los verdaderos culpables de este fraude mundial en todos los sentidos: de salud, económico, mediático y educacional. Lo controlan todo y tienen a la humanidad manipulada y engañada totalmente.
- ¿Qué reforma considera más urgente y políticamente viable?
F.V: Ninguna, porque plantear una reforma «urgente y políticamente viable» dentro de las reglas de juego del propio sistema es una ilusión ingenua. La pirámide del funcionariado, los jueces y los políticos son empleados de este cártel que tiene a los Estados atados de pies y manos con la soga de la deuda externa. Ninguna institución va a aprobar una ley para desmantelar a Vanguard. La única vía real sería la desconexión asimétrica y la insumisión individual, pero es prácticamente imposible hacerlo de forma masiva porque la mayor parte de la masa humana está totalmente rendida. El sistema les ha robado la atención y la energía; tienen demasiados anclajes a todas las cargas que la propia estructura les ha creado, por lo que la población carece de la libertad y la energía necesarias para moverse libremente, actuar y reaccionar. Sin mencionar que a la mayor parte de la gente disidente y más dispuesta a luchar le han lavado el cerebro con ideas conspiranoicas creadas por el propio sistema; aún por encima, esta gente se cree la más antisistema de todas y, al final, lo que acaban haciendo es destruir la credibilidad y crear guerras internas contra la propia gente disidente real, consciente y objetiva. Así que está mal el asunto…
- ¿Es optimista sobre la posibilidad de democratizar el poder financiero?
F.V: En lugar de reírme otra vez, diré que la única forma de «democratizar» el poder financiero es que deje de existir. Mientras siga en pie, su única ley será la tiranía.
- ¿Cuál es tu opinión sobre el pluralismo en la prensa?¿ crees que es auténtico? ¿No existen diferentes líneas editoriales como El Mundo, La Marea, Ok Diario? al igual que partidos de izquierda o derechas?
F.V: Responder a esas cuestiones a estas alturas de la entrevista sería ofender a la inteligencia del lector.
Fernando, muchas gracias por acompañarnos y por compartir con nosotros las principales ideas de Los amos del mundo. Ha sido una conversación que nos invita a reflexionar sobre la concentración del poder financiero, la influencia de las grandes gestoras de activos y el verdadero funcionamiento de la economía global.
Recordamos a nuestros lectores que el libro puede descargarse de manera completamente gratuita a través del siguiente enlace: https://cutt.ly/hyociVfi
Les animamos a leerlo, contrastar sus argumentos y extraer sus propias conclusiones. Fernando, antes de terminar, te cedemos la palabra para que puedas despedirte de quienes nos han acompañado.
Fernando Vizcaíno: Muchas gracias por la invitación y por ofrecerme este espacio para explicar las ideas del libro. Animo a todos los lectores a descargarlo, leerlo con espíritu crítico y continuar investigando por sí mismos. Ha sido un placer y espero que volvamos a encontrarnos muy pronto.

