Un informe de la Endocrine Society alerta del impacto de los disruptores endocrinos en la salud humana

Un amplio documento científico revisa la evidencia sobre pesticidas, plásticos, PFAS y otras sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal, y reclama una regulación adaptada al conocimiento científico actual.

Los llamados disruptores endocrinos llevan décadas siendo objeto de investigación, pero la cantidad de estudios publicados durante los últimos años ha llevado a numerosas instituciones científicas internacionales a advertir de que su impacto sobre la salud pública merece una atención creciente. Esa es una de las principales conclusiones del informe Endocrine Disrupting Chemicals: Threats to Human Health, publicado en febrero de 2024 por la Endocrine Society y la organización internacional IPEN.

El documento recopila más de un centenar de páginas de literatura científica sobre sustancias capaces de interferir con el funcionamiento normal del sistema endocrino, responsable de regular procesos esenciales como el crecimiento, el metabolismo, la reproducción, el desarrollo cerebral o la respuesta inmunitaria.

Según explican sus autores, un disruptor endocrino es una sustancia química externa al organismo que altera la acción de las hormonas naturales. Esa alteración puede producirse imitando la acción de una hormona, bloqueando sus receptores o modificando su producción, transporte o eliminación, lo que puede afectar a múltiples órganos y funciones del organismo.

El informe recuerda que los sistemas hormonales actúan con cantidades extremadamente pequeñas de sustancias y que, por ello, determinados compuestos pueden producir efectos biológicos incluso a dosis muy bajas. Los autores sostienen que esta característica diferencia a los disruptores endocrinos de otros contaminantes químicos y cuestiona algunos de los modelos toxicológicos tradicionales utilizados en la regulación.

Uno de los aspectos más destacados del documento es la especial vulnerabilidad durante determinadas etapas de la vida. El embarazo, el desarrollo fetal, la infancia, la adolescencia e incluso la pubertad aparecen descritos como periodos especialmente sensibles porque en ellos el sistema hormonal dirige procesos fundamentales del desarrollo. Una alteración durante esas ventanas críticas puede traducirse en efectos que no siempre son inmediatos, sino que pueden manifestarse años después.

El informe revisa diferentes grupos de sustancias presentes en la vida cotidiana. Entre ellas figura el glifosato, el herbicida más utilizado del mundo. Los autores resumen investigaciones que han encontrado propiedades compatibles con la alteración endocrina y asociaciones con determinados efectos sobre la salud reproductiva, aunque reconocen que la investigación continúa evolucionando y que el debate científico sobre algunos aspectos permanece abierto.

También dedica un amplio apartado a los plásticos y a compuestos como los bisfenoles y los ftalatos, empleados en numerosos productos de consumo. El documento señala que la exposición puede producirse tanto durante la fabricación como durante el uso cotidiano o la gestión de los residuos, y recuerda que algunos de estos compuestos han sido relacionados en estudios con alteraciones del desarrollo, la reproducción o determinadas funciones neurológicas.

Otro bloque importante analiza los PFAS, conocidos popularmente como «químicos eternos» por su enorme persistencia en el medio ambiente. Estas sustancias se utilizan en múltiples aplicaciones industriales y domésticas, desde recubrimientos antiadherentes hasta envases alimentarios o textiles resistentes al agua. El informe recoge evidencias de que algunos PFAS pueden interferir en hormonas como los estrógenos, la testosterona o las hormonas tiroideas, además de revisar estudios experimentales y epidemiológicos relacionados con el desarrollo mamario y la lactancia.

Los autores también analizan la presencia de arsénico en determinados productos y alimentos, especialmente aquellos destinados a la población infantil. La revisión científica concluye que este metaloide puede afectar a varios sistemas hormonales y se ha asociado en distintos estudios con trastornos metabólicos, cardiovasculares, reproductivos y neurológicos.

Más allá de revisar la evidencia disponible, el documento plantea una reflexión sobre la regulación internacional. La Endocrine Society e IPEN consideran que existe un desfase entre el conocimiento científico acumulado y las políticas públicas de control químico. Por ello reclaman que las futuras normas tengan en cuenta las características específicas de los disruptores endocrinos, especialmente la posibilidad de efectos a bajas dosis y durante periodos críticos del desarrollo.

El informe no constituye un estudio experimental nuevo, sino una revisión científica elaborada por especialistas en endocrinología que sintetiza centenares de investigaciones publicadas previamente. Su objetivo es ofrecer una visión actualizada del conocimiento disponible sobre estas sustancias y servir como base para orientar tanto futuras investigaciones como el diseño de políticas de salud pública.

Fuente:

EDC Report2024FINALcompressed