Empezamos con los conflictos de intereses del estudio Corman-Drosten, con el que se legitimó el uso de los PCR con este fin.
Continuamos con la imposibilidad de usar estos test para detectar el Sars-Cov-2, dado que carecían de la muestra viral del virus que pretendía detectar, y terminamos con el con el fraude basado en el umbral de ciclos al que fueron realizados.
A lo que sumamos que aun de haber sido utilizados correctamente (con la muestra viral correspondiente y el umbral de ciclos adecuado), un resultado positivo PCR por sí mismo no basta para determinar si una persona ha sido infectada por el material detectado: para ello es necesario realizar un cultivo viral de confirmación de ese PCR positivo.
