
Durante décadas, el respaldo a Israel fue uno de los escasos asuntos capaces de unir a republicanos y demócratas en Washington. Ese consenso no ha desaparecido, pero empieza a mostrar grietas. Lo verdaderamente novedoso no es que una parte de la izquierda estadounidense cuestione cada vez más al Gobierno de Benjamin Netanyahu, especialmente desde la guerra de Gaza, sino que el debate haya comenzado a instalarse también dentro del Partido Republicano. Allí, cada vez más voces se preguntan si el apoyo prácticamente incondicional a Israel encaja todavía con la filosofía de «America First», basada en priorizar los intereses nacionales de Estados Unidos por encima de los compromisos internacionales.
El debate de fondo no es solo moral, sino estratégico. La vieja derecha republicana, más cercana al intervencionismo neoconservador, ve a Israel como un aliado indispensable en Oriente Medio. La nueva derecha “America First” se pregunta si Estados Unidos debe seguir asumiendo costes militares, diplomáticos y económicos por conflictos que muchos votantes perciben como ajenos. Reuters describía esta misma semana la diferencia de tono entre J. D. Vance y Marco Rubio sobre Irán e Israel: Vance, más escéptico con las guerras exteriores, criticó acciones israelíes que a su juicio entorpecían los esfuerzos de paz; Rubio, en cambio, defendió la actuación israelí como respuesta legítima frente a Hezbolá.
No se trata de una derecha que se haya vuelto propalestina, sino de una derecha que empieza a mirar a Israel bajo el filtro del interés nacional estadounidense. El Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel advertía en diciembre de 2025 que Israel se había convertido en un foco de tensión dentro de la coalición republicana, con voces que cuestionan si el apoyo continuado a Tel Aviv encaja con una política exterior “America First”.
AIPAC sigue siendo un actor poderoso, pero también opera en un terreno menos cómodo. La propia organización se define como un lobby bipartidista dedicado a reforzar la relación entre Estados Unidos e Israel y a apoyar candidatos proisraelíes tanto demócratas como republicanos. Durante años, esa estrategia funcionó porque Israel era una causa transversal. Ahora, sin embargo, el debate sobre Gaza, Irán y el coste de la política exterior estadounidense está convirtiendo esa alianza en un asunto más polémico.
El dato más importante es que la erosión ya no afecta solo al Partido Demócrata. Gallup señalaba en febrero de 2026 que, por primera vez desde que mide esta cuestión anualmente desde 2001, las simpatías de los estadounidenses ya no se inclinan más hacia los israelíes que hacia los palestinos. La caída es especialmente fuerte entre demócratas e independientes, pero también confirma que Israel atraviesa uno de sus momentos de menor favorabilidad histórica en la opinión pública estadounidense.
Es pronto para hablar de un cambio de paradigma, pero sí de un cambio de tono. Israel mantiene un amplio respaldo político en Washington y continúa siendo un aliado estratégico para Estados Unidos. No obstante, dentro del Partido Republicano comienzan a escucharse voces que plantean preguntas que hasta hace poco eran poco habituales. Más que un rechazo a Israel, lo que emerge es un debate sobre los límites del compromiso estadounidense y sobre cómo encaja esa relación en una política exterior centrada en el principio de «America First». Que esas preguntas hayan empezado a formularse ya supone, por sí mismo, una novedad política.
