El empleo resiste en España, pero la OCDE advierte de un problema que va mucho más allá del paro

La OCDE considera que el mercado laboral español ha mejorado en los últimos años, pero alerta de que las desigualdades territoriales, la pérdida de dinamismo salarial y las transformaciones económicas pueden agravar las diferencias entre regiones si no se adoptan políticas más específicas.

Durante años, el debate sobre el mercado laboral español ha girado casi exclusivamente en torno a la tasa de paro. Sin embargo, el último informe OECD Employment Outlook 2026, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), plantea una visión más amplia. El verdadero reto ya no consiste únicamente en crear empleo, sino en analizar dónde se crea, quién puede acceder a él y qué regiones corren el riesgo de quedarse atrás.

La organización parte de un diagnóstico relativamente positivo. Los mercados laborales de los países de la OCDE han mostrado una notable capacidad de resistencia pese a los últimos años de inflación, crisis energética, tensiones geopolíticas y desaceleración económica. España forma parte de esa tendencia general, aunque la OCDE observa algunos síntomas de debilitamiento que invitan a la prudencia.

Uno de ellos afecta directamente al bolsillo de los trabajadores. Tras la recuperación del poder adquisitivo experimentada durante 2024 y 2025, el crecimiento real de los salarios comienza a perder intensidad. En el caso español, la OCDE señala que entre noviembre de 2025 y abril de 2026 tanto la inflación como el crecimiento nominal de los salarios permanecieron relativamente estables, pero la mejora salarial muestra signos de agotamiento, un fenómeno que también se observa en buena parte de Europa.

El informe dedica una atención especial a las enormes diferencias entre territorios. La OCDE recuerda que, en muchos países desarrollados, las desigualdades en empleo entre regiones son incluso mayores que las existentes entre distintos Estados. La digitalización, la inteligencia artificial, la transición energética, el envejecimiento de la población y los cambios en el comercio internacional no afectan por igual a todas las zonas, sino que generan ganadores y perdedores dentro de un mismo país.

Ese diagnóstico resulta especialmente relevante para España. La realidad económica de Madrid, Barcelona, Bilbao o Málaga poco tiene que ver con la de muchas comarcas rurales afectadas por el envejecimiento, la despoblación o la pérdida de actividad industrial. Según la OCDE, las políticas laborales deben dejar de concebirse únicamente desde una perspectiva nacional y adaptarse mucho más a las necesidades concretas de cada territorio.

El informe también analiza algunas de las reformas laborales recientes. Entre ellas destaca la modificación introducida en España en 2022 para limitar el uso de los contratos temporales. La OCDE recuerda que desapareció el contrato por obra y servicio, se endurecieron las condiciones para justificar la contratación temporal y se impulsó el contrato fijo-discontinuo como alternativa. Estas medidas reforzaron la protección frente a la temporalidad, aunque el organismo señala que los contratos fijos discontinuos siguen presentando incertidumbres económicas, ya que no garantizan un número mínimo de horas de trabajo.

Otro aspecto relevante del informe es su advertencia sobre los efectos de los grandes cambios económicos. La inteligencia artificial, la automatización o la transición ecológica no destruirán necesariamente empleo de forma generalizada, pero sí modificarán profundamente la demanda de trabajadores según el tipo de actividad y la región. Los territorios excesivamente dependientes de un único sector serán más vulnerables a futuras crisis, mientras que aquellos con mayor capacidad para diversificar su economía tendrán más posibilidades de adaptarse.

Frente a este escenario, la OCDE propone abandonar las soluciones uniformes. En lugar de confiar exclusivamente en que los trabajadores se trasladen allí donde existan oportunidades, plantea combinar esa movilidad con políticas que acerquen también el empleo a las zonas con menos desarrollo. Para ello considera necesarias inversiones en infraestructuras, formación adaptada a las necesidades locales, vivienda, servicios públicos y estrategias industriales específicas para cada territorio.

El mensaje de fondo es que el éxito del mercado laboral no puede medirse únicamente por el número de personas ocupadas. También importa la calidad del empleo, la evolución de los salarios, la estabilidad contractual y, sobre todo, que el crecimiento económico no se concentre únicamente en unas pocas áreas mientras otras continúan perdiendo población, empresas y oportunidades.