El expresidente del Gobierno Felipe González ha intensificado en las últimas semanas sus críticas a la dirección del Ejecutivo y al rumbo del PSOE, situando en el centro del debate la obligación constitucional de presentar los Presupuestos Generales del Estado y la estrategia de alianzas parlamentarias.
En distintas intervenciones públicas celebradas en Madrid, Sevilla y Lanzarote, González ha sostenido que la no presentación de un proyecto presupuestario constituye una “violación clara de la Constitución”, en la medida en que la Carta Magna establece la obligación de que el Gobierno someta las cuentas al Congreso antes de finalizar el ejercicio.
El exdirigente socialista subrayó que puede discutirse la aprobación de los Presupuestos, pero no su presentación. González recordó que en 1996 convocó elecciones tras no lograr sacar adelante las cuentas públicas y defendió que la convocatoria electoral es una salida legítima cuando el Ejecutivo carece de respaldo suficiente para cumplir esa obligación.
El expresidente fue más allá al anunciar que votará en blanco en unas futuras elecciones generales si Pedro Sánchez vuelve a encabezar la candidatura socialista. Aclaró que no respaldará a otra formación política, pero dejó constancia de su desacuerdo con la actual dirección.
En sus intervenciones también reprochó la ausencia de autocrítica tras los últimos resultados electorales del PSOE en Aragón y Extremadura, y advirtió de que el partido puede perder su condición de alternativa si no revisa su estrategia. En su opinión, la vocación de mayorías debe situarse en el centro del proyecto socialista.
Otro de los ejes de su discurso fue la política de alianzas. González reiteró que no pactaría con Vox, pero manifestó una posición aún más firme respecto a EH Bildu. Argumentó que no es equiparable el debate sobre acuerdos parlamentarios cuando, a su juicio, existen cuestiones pendientes relacionadas con la memoria de las víctimas de ETA. En este contexto, cuestionó que determinadas decisiones políticas puedan interpretarse como concesiones vinculadas al apoyo parlamentario, y defendió la necesidad de mantener criterios claros en materia institucional.
González también reflexionó sobre la responsabilidad de los gobiernos en el ejercicio prolongado del poder. Según afirmó, tras varios años en el Ejecutivo resulta insuficiente atribuir los problemas estructurales a etapas anteriores, ya que el gobernante pasa a ser responsable directo de la situación creada. En ese marco, pidió evaluar con mayor profundidad los resultados de las políticas sociales impulsadas en los últimos años. Asimismo, estableció comparaciones sobre modelos de liderazgo político y mencionó expresamente al presidente estadounidense Donald Trump para advertir de los riesgos de una concepción personalista del poder.
En materia internacional, el exmandatario defendió el incremento del gasto en defensa y reclamó una mayor implicación europea ante el actual escenario geopolítico. Mostró preocupación por la evolución de la guerra en Ucrania y por la posición de Rusia bajo el liderazgo de Vladimir Putin, insistiendo en que la Unión Europea debe asumir mayores responsabilidades estratégicas.
