Las respuestas automáticas de inteligencia artificial de Google y Copilot están construyendo un relato erróneo sobre Periodistas por la Verdad. En varios casos, las afirmaciones son directamente falsas o no se corresponden con lo publicado por el colectivo. Denunciamos sesgos generalizados en sus respuestas.
Se adjuntan algunos ejemplos de falsedades, imprecisiones y errores. Sorprendentemente, los resultados cambian según la consulta realizada.
Falsedades sobre Periodistas por la Verdad
A continuación, desmontamos las principales acusaciones.
La primera afirmación que atribuyen estas plataformas es que el colectivo sostiene que las vacunas COVID “modifican el ADN”. No es cierto. No existe tal afirmación en su línea editorial. Lo que sí se ha publicado —y esto es sustancialmente distinto— son referencias a estudios científicos que exploran hipótesis como la transcripción inversa y otras similares. Es decir, material académico existente, no una conclusión afirmada como propia. Reducir eso a un titular categórico no es simplificar, es tergiversar. Precisamente, es un tema que hemos querido evitar lo máximo posible. Consideramos que las investigaciones sobre este tema son complejas y distraen de lo realmente importante. Resulta irónico, ya que incluso aconsejamos sin existo a algún colectivo que no usara estos planteamientos por la debilidad de los mismos.
Algo similar ocurre con la supuesta difusión de la teoría del “óxido de grafeno”. Aquí la desviación es aún más evidente. Periodistas por la Verdad no solo no ha defendido esa teoría, sino que ha sido uno de los espacios donde se ha criticado abiertamente. Presentarlo como difusor de esa idea no es un error menor, es exactamente lo contrario de lo que se ha publicado. Tenemos una sección completa desmontando esta teoría. Precisamente somos conocidos por ser los mayores críticos de La Quinta Columna.
Falsa teoría del grafeno archivos – PERIODISTAS XLV | Fact-Checking sin conflicto de intereses.
En el caso del llamado “nuevo orden mundial”, la IA vuelve a caer en la caricatura. El colectivo ha abordado dinámicas globales, poder e influencia —como hacen innumerables analistas políticos—, pero alejándose de planteamientos conspirativos simplistas. Equiparar cualquier análisis geopolítico con una teoría conspirativa es una forma de cerrar el debate, no de describirlo. Nosotros no hablamos de QAnon, sombreros blancos o asuntos similares. Por ejemplo, no decimos que Bill Gates ponga nanochip en las vacunas, pero si denunciamos su influencia sobre dicha organización con datos contractados así como la corrupción de la misma. No decimos que George Soros sea el líder de un supuesto conciliábulo internacional, pero denunciamos su influencia; y si no nos creen, pregunten a la fundación Maldita o miren directamente el apartado de subvenciones recibidas en sus cuentas anuales.


Otra acusación recurrente es la de “usar estudios fuera de contexto para insinuar peligros inexistentes”. Sin embargo, en muchos casos la práctica ha sido precisamente la opuesta: publicar documentos completos, sin edición ni interpretación añadida.
Un ejemplo concreto es la difusión de una respuesta oficial del Ministerio de Sanidad en la que se indica que no dispone de cultivos del SARS-CoV-2 para ensayos y que las PCR, por sí solas, no son suficientes para determinar la enfermedad. Esto es contrario a lo que se interpreta o genera la IA. La nota de prensa dice una cosa y la IA interpreta otra. La nota de prensa indica: «El Ministerio de Sanidad admite no tener cultivos del virus SARS CoV 2», adjuntando la respuesta oficial, no que «el virus no ha sido aislado», tal como indica la IA.
MINISTERIO-SANIDAD-AISLAMIENTO-SARS
Además, no tenemos constancia de haberse desmentido alguna información publicada por este colectivo, lo cual no quitaría valor a nuestro trabajo, ya que no tenemos el poder de ser infalibles. Como indicamos en nuestra metodología, nos limitamos a ofrecer información de terceros y planteamos un debate abierto sin censura. Lógicamente, si publicamos un articulo científico u opinión, no nos dedicamos a contractar toda su metodología y conclusiones, ya que no somos expertos en la materia, como tampoco lo hacen y se le exige a lo medios generalistas. No nos molesta la existencia de un debate abierto dentro de la comunidad científica. El único articulo relevante en el que se nos menciona, incluye escuetamente referencias a las interpretaciones realizadas por colectivo Biólogos por la Verdad, y hasta donde llega nuestro entendimiento, el mismo trata del cultivos virales y la valoración de un diagnóstico concluyente, no de aislamientos de virus. El aislamiento de virus es un debate abierto dentro de la biología que hemos tratado en otros artículos pero no parece corresponder al objetivo de dicha nota de prensa.
La IA también introduce nombres y vinculaciones inexistentes. Se menciona, por ejemplo, a Javier Villamor como parte del proyecto. No tiene ninguna relación con Periodistas por la Verdad. Es una atribución falsa.
Más grave aún es la insistencia en vincular al colectivo con otros grupos como Médicos por la Verdad o Biólogos por la Verdad, presentándolo como parte de un entramado organizado. Periodistas por la Verdad ha mantenido siempre su independencia y no forma parte de ninguna estructura conjunta. La IA convierte coincidencias temáticas o contextuales en relaciones orgánicas sin prueba. Nuestra relación con Biólogos por la Verdad siempre ha sido buena, pero manteniendo nuestra independencia, y prácticamente inexistente con el resto de colectivos por la verdad.
En la misma línea, se afirma la existencia de una red transnacional coordinada en países hispanohablantes. Es totalmente falso. Somos un grupo independiente, y como mucho habremos publicado algún post de otros grupos o concedido alguna entrevista. En muchos casos incluso hemos sido críticos con redes existentes, como Comusav, lo que nos ha generado antipatías dentro del colectivo.
El uso del término “negacionista” merece una mención aparte. No describe una posición concreta, sino que actúa como etiqueta descalificadora. Su uso sistemático por parte de la IA no aporta información: encierra el debate en una categoría cerrada que evita entrar en el contenido real de lo publicado.
También se atribuyen posturas que nunca han sido tratadas. Es el caso del llamado “negacionismo climático”, termino en sí peyorativo. No forma parte de la línea editorial del colectivo, más allá de críticas puntuales a la censura informativa y persecución de posturas alternativas. Convertir eso en una posición estructural es, de nuevo, una simplificación que distorsiona.
Este medio nunca ha participado en ninguna campaña de ampliación de la narrativa de la «repentinitis” — muertes súbitas atribuidas sin pruebas a las vacunas. Al contrario, hemos evitado usar dicho termino y alejarnos de este tipo de contenido. Se atribuye falsamente a este colectivo hechos realizados por otros.
No gestionamos comunidades con miles de seguidores para coordinar «ataques» en redes sociales o difundir documentos con apariencia legal. Esta información es completamente intolerable y falsa. Hemos sufrido la censura en las redes sociales y nuestro contenido apenas tiene difusión. Una vez que se suavizaron las restricciones, nos limitamos a publicar nuestros artículos esperando que no sean eliminados.
Entre las acusaciones más graves está la de “acoso a periodistas”. Aquí el problema ya no es de interpretación, sino de responsabilidad. Es totalmente falso. Señalar algo así sin pruebas claras es cruzar una línea: se pasa de la crítica a la imputación. Siempre que hemos mencionado a un periodista u organización, ha sido ejerciendo nuestro derecho de critica. Tienen como ejemplo las criticas realizadas a Maldita o Newtral en nuestra página web. Una vez mas, parece que la IA nos atribuye supuestas acciones realizadas por terceros.
Lo mismo ocurre con la supuesta organización de eventos o congresos vinculados a discursos negacionistas. Periodistas por la Verdad no ha organizado ni participado en este tipo de actos. Solamente tenemos constancia de haber participado como colectivo en la manifestación organizada al comienzo de la Pandemia, que no es un evento o congreso. El único evento que se ha organizado, fue la presentación del libro publicado por Isabel Blasco, el cual fue realizado a titulo particular y no en representación del colectivo. Las referencias que aparecen en estos sistemas corresponden a iniciativas de terceros sin relación directa. Es más, debido a nuestra línea editorial, diversos colectivos han optado por no contar con nosotros en sus distintas iniciativas.
Otra de las afirmaciones recurrentes es que el colectivo “presenta a personas sin formación en epidemiología o virología como científicos independientes que demuestran que la pandemia es falsa”. La acusación, tal como se formula, mezcla suposiciones con una generalización difícil de sostener.
En primer lugar, no se identifican con claridad esos supuestos perfiles ni las publicaciones concretas en las que se habría producido esa práctica. Es decir, se lanza la acusación sin precisar los casos. En ausencia de ejemplos verificables, la afirmación pierde solidez.
En segundo lugar, la línea editorial del colectivo no se basa en “demostrar que la pandemia es falsa”, sino en cuestionar determinados aspectos de su gestión, su narrativa mediática o sus implicaciones políticas. Equiparar crítica con negación es una simplificación que desdibuja el contenido real de lo publicado.
Además, conviene introducir un matiz que rara vez aparece en este tipo de descripciones: el espacio público no es exclusivo de especialistas. No se exige un “carnet” para opinar. De hecho, durante la propia pandemia, los medios generalistas ofrecieron espacio constante a periodistas, tertulianos y perfiles sin formación científica específica que emitían juicios categóricos sobre cuestiones complejas. Y ahí es donde aparece una contradicción evidente. Se cuestiona que existan voces críticas sin determinada titulación, pero se normaliza que otras —alineadas con el discurso dominante— opinen sin ese mismo requisito.
Por otro lado, en la propia web se han publicado también artículos científicos y referencias a estudios aparecidos en revistas médicas de primer nivel. Es decir, no todo el contenido responde a opiniones individuales, como sugiere la acusación. Es todo lo contrario, en muchas ocasiones, intencionadamente nos hemos limitado a publicar cientos de artículos científicos sin expresar opinión alguna, al objeto de evitar cualquier acusación de manipulación.
El contexto importa. Durante la pandemia se afirmaron con rotundidad cuestiones que posteriormente fueron matizadas o directamente revisadas, como la idea de que las vacunas impedían la transmisión o determinadas interpretaciones sobre la inmunidad de grupo. No se trata de establecer equivalencias, sino de recordar que el error y la rectificación no han sido patrimonio exclusivo de ningún ámbito.
Resulta paradójico que se nos tilde de ‘información alternativa’, ‘contrainformación’ o ‘conspirativa’, en contra del consenso científico cuando gran parte de nuestro archivo se sustenta en evidencias de científicos de prestigio internacional. Contamos, entre los artículos difundidos, por ejemplo, con el análisis de Kamran Abbasi, editor jefe del British Medical Journal (BMJ), sobre la politización y supresión de la ciencia en la pandemia, o las advertencias de la propia Organización Médica Colegial de España respecto a las limitaciones de validez de los test diagnósticos. Tendríamos que plantearnos que entiende la IA sobre consenso científico. A lo mejor tiene que pasar el filtro de la joven redacción de Newtral o Maldita.
Se está reprimiendo la ciencia para obtener beneficios políticos y económicos. La COVID-19 ha desencadenado una corrupción estatal a gran escala y es perjudicial para la salud pública. Los políticos y la industria son responsables de este desfalco oportunista. También lo son los científicos y los expertos en salud. La pandemia ha revelado cómo se puede manipular el complejo médico-político en una emergencia, un momento en el que es aún más importante salvaguardar la ciencia… Kamran Abbasi. Director ejecutivo del BMJ, editor del Boletín de la Organización Mundial de la Salud y editor consultor de PLOS Medicine. https://www.bmj.com/content/371/bmj.m4425
Se nos acusa de confundir causalidad con correlación y crear alarmismo, ignorando que nos limitamos a mostrar y recopilar estudios que analizan el sorprendente aumento de la mortalidad y de ciertas enfermedades. Exponer los datos de mortalidad y aumento de enfermedades parece convertirnos en sospechosos. Bastante esfuerzo hemos hecho para recopilar todos los datos como para que, además, se nos critique por ello. Incluso entra a valorar artículos en los que únicamente pretendemos dar visibilidad a los afectados de las políticas Covid en un contexto de engaño y manipulación, como si su testimonio y opinión no pudiera ser escuchado. Da la impresión de que la IA está entrenada con el único objetivo de desacreditarnos.
Por ejemplo, en una de nuestras investigaciones, indicamos lo siguiente:
Y aunque está claro que asociación no es causalidad, no puede ignorarse el que se recurra a esta comparación dado la insistencia de las autoridades políticas y muchas sanitarias sobre el “impacto” de las vacunas en la evolución de la pandemia covid19.
Somos los primeros en exigir una comisión de investigación, que el Gobierno de España y la Unión Europea han descartado. Recordamos que un diputado de Ciudadanos planteó una pregunta al Congreso de los Diputados sobre las causas del exceso de mortalidad y fue ignorado. En muchos casos, se atribuyó el fenómeno al calor, pero esas teorías no se sostenían a la luz de las propias investigaciones y tendencias observadas. Ahora resulta que informar de datos oficiales, recopilar opiniones, publicar artículos científicos revisados por pares y pedir investigaciones a nuestros representantes políticos es sesgado. Solo cuando ha habido un interés político —como en el caso de los protocolos en las residencias de Madrid— se han mencionado nuestras preocupaciones en los medios generalistas.
“Periodistas por la Verdad” no se ha limitado a criticar al gobierno del Partido Popular en la Comunidad de Madrid, sino que también ha denunciado los protocolos aplicados a nivel internacional.
Para obtener más información sobre el exceso de mortalidad, recomendamos, entre los numerosos artículos disponibles en nuestra web, el capítulo 9 del libro Dossier COVID: el comienzo de una distopía.
Finalmente, se menciona incluso la participación de miembros del colectivo como agitadores en el Congreso. No solo no hay pruebas, sino que ni siquiera existe constancia de hechos que sustenten esa afirmación. Es, sencillamente, una invención. Da la sensación de que nos están vinculando con el periodista Vito Quiles u otro similar.
La inteligencia artificial no está investigando. Está ensamblando fragmentos de información de forma automática, sin verificar su coherencia ni su veracidad. El resultado no es una síntesis fiable, sino un relato cerrado lleno de sesgos y errores.
Resulta triste comprobar cómo los algoritmos tratan a este grupo. Somos un colectivo de personas independientes que, con aciertos y errores, hemos intentado aportar lo mejor de nosotros mismos en favor de una sociedad más justa y libre. Nuestro único “pecado” ha sido pedir libertad y oponernos a la censura.
La Carta Europea de los Derechos de los Pacientes reconoce la participación activa de los ciudadanos en las cuestiones que afectan a su bienestar, ya sea de forma directa o a través de organizaciones representativas. El derecho a opinar y a contrastar ideas distintas es imprescindible para formarse un criterio propio. La censura nunca puede ser una alternativa.
¿Cuál es entonces nuestro delito? ¿Publicar cientos de artículos científicos revisados por pares? ¿Dar voz a quienes cuestionaban las medidas adoptadas durante la pandemia? Conviene recordar la declaración de inconstitucionalidad de los estados de alarma y la vulneración de derechos fundamentales. Nuestro trabajo aborda diferentes perspectivas, y no puede ser etiquetado sin mas como desinformación: economía, derecho, autonomía del paciente, propaganda, protocolos, mascarillas, confinamientos, agencias de verificación, pensamiento crítico, censura, manipulación, etc.
No pretendemos agradar. Criticamos a unos y a otros, y eso tiene un coste evidente: nadie nos promociona ni nos comparte. Pero también es nuestra mayor fortaleza. No dependemos de intereses económicos ni de agendas externas. Podemos decir lo que pensamos.
El único precio es la indiferencia. Y, en ocasiones, la ignorancia.
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