Estudio sobre el exceso de mortalidad en el mundo en relación a la inoculación de la «vacuna» COVID-19

 

Este artículo fue publicado originalmente en https://diario16plus.com/Lea el original.

Por Fernando Vizcaíno Carles

Este estudio ha sido realizado recopilando los datos referentes a las tasas de mortalidad e índices de “vacunación” COVID-19 para los diferentes países que se encuentran en la plataforma datosmacro.espansión.com, y calculando los porcentajes de incremento/disminución de sus tasas de mortalidad del año 2021 respecto a los años 2020 y 2019].

El aumento de la tasas de mortalidad en la mayoría de países del planeta en los años 2022 y, mucho más especialmente, en el 2021 respecto al 2020, contradice el discurso de la narrativa oficial que no se cansa de repetir que las “vacunas” COVID-19 salvaron millones de vidas en el mundo.

Seguramente usted habrá escuchado a una gran cantidad de políticos, periodistas, presentadores de televisión y profesionales de la salud, afirmar que las “vacunas” COVID-19 salvaron millones de vidas en el mundo. Luego se lo habrá escuchado repetir a su vecino, a sus compañeros de trabajo, a su panadera, o incluso a sí mismo. A todos aquellos que creen ciegamente en la televisión y tuvieron la fortuna de no ver morir o enfermar de gravedad a ninguno de sus seres cercanos tras inocularse la “vacuna” COVID-19. Aunque también cabe la posibilidad de que, pese a ser testigos de alguna de estas fatalidades, no estableciesen la relación correspondiente; como dicta el manual del buen tele creyente.

Una vez más con datos oficiales en mano, publico este nuevo artículo de investigación para demostrar al lector cómo la narrativa oficial miente por boca de sus mercenarios a sueldo, y miente por boca de aquellos que creen y repiten las mentiras de estos primeros.

He recopilado los datos referentes a las tasas de mortalidad de los años 2020, 2021 y 2022 de multitud de países del mundo para comprobar uno por uno si, efectivamente, dichas tasas descendieron en los dos últimos años respecto al primero. En caso contrario, no podría decirse que las “vacunas” COVID-19 salvaron millones vidas. Y si lo que hubiese sucedido, fuese que en lugar de reducirse, hubiesen aumentado, entonces lo que tendría que decirse es que dichas “vacunas”, en lugar de salvar millones de vidas, acabaron con millones de vidas. Pondremos una especial atención en las tasas de mortalidad del 2021, ya que este fue el año en el que, con mucha diferencia, más personas en el mundo fueron inoculadas. Por otra parte, datosmacro.espansión.com solo ha recopilado datos referentes a las tasas de mortalidad del 2022 de los países Europeos (exceptuando Reino Unido).

¿Y por qué la comparativa respecto al 2020 y no respecto a años anteriores?

La respuesta debiera ser obvia pero, por si acaso alguien anda perdido, le recordaré que en el año 2020 fue declarada la pandemia del coronavirus para la que todavía no se habían desarrollado sus postreras “vacunas”; las cuales fueron inoculadas a partir del mes de diciembre del 2020, siendo el 2021 el año que más personas en el mundo fueron inoculadas.

Por tanto, el año 2020 debió de ser aquel con las tasas de mortalidad más altas de la historia, ya que supuestamente millones de personas en el mundo se contagiaron de un virus con muy altas tasas de mortalidad para el que todavía no existía vacuna.

Y si digo supuestamente, es porque independientemente de lo que nos dice la narrativa oficial, lo cierto es que existen pruebas sobradamente concluyentes que demuestran que el exceso de mortalidad del 2020 no fue causado por un virus, sino por los protocolos que fueron recomendados por los gobiernos de la inmensa mayoría de países del mundo para su aplicación en hospitales y, mucho más especialmente, en residencias de ancianos y geriátricos.

Si bien como todo lo relacionado con los protocolos ya lo documenté en artículos anteriores, en el artículo que hoy nos ocupa me centraré principalmente en demostrar que en los años 2021 y 2022, en los que, insisto en ello, una gran parte de la población mundial se inoculó la “vacuna” contra la COVID-19, las tasas de mortalidad no hicieron más que incrementarse respecto a las del 2020.

Empezaremos por Europa, con el análisis comparativo entre las tasas de mortalidad de los años 2021 y 2022, respecto al 2020. Luego estableceremos esta misma comparativa solo para las tasas de mortalidad del 2021 respecto al 2020 de los países de otros continentes. Y para concluir, gracias a las conclusiones que extraeremos de lo sucedido en los países del África Negra, también realizaremos comparativas con las tasas de mortalidad del 2019

*Junto a los países europeos también incluiremos a Corea del Sur, ya que es el único (que yo haya encontrado) del que datosmacro.espansión.com también se tiene constancia de su tasa de mortalidad en el año 2022.

Tasas de mortalidad en Europa en los años 2020, 2021 y 2022 por cada 1000 habitantes.

Si observamos la grafica de las tasas de mortalidad en Europa + Corea del sur, observamos que en el año 2021 las tasas de mortalidad respecto al año 2020 aumentaron en 20 paísesse redujeron en 6; y se mantuvieron estables en 5. Y que en el año 2022 aumentaron en 12; se redujeron en 15; y se mantuvieron estables en 4.

Esto significa que, de las 62 posibilidades resultantes de 2 años por cada 31 países, 9 no muestran variaciones significativas en la tasa de mortalidad21 muestran una reducción en las tasas de mortalidad, y 33 muestran un aumento en las tasas de mortalidad. Un verdadero escándalo ya de por sí, que se ve incrementado por el hecho de que el año 2021 se “vacunó” un porcentaje de población muy superior al que lo hizo en el 2022. Todavía más escandaloso es el hecho de que delos 5 países que no sufrieron ningún incremento en sus tasas de mortalidad en el año 2020 respecto a los anteriorescuatro de ellossí sufrieron este aumento en el año 2022 –solo Irlanda no sufrió variación en el 2022 respecto al 2020–, y cuatro de ellos en el 2021 –solo Islandia no sufrió variación alguna en el 2021 respecto al 2022–. Lo que significa que estos 5 países solo sufrieron un incremento significativo en sus tasas de mortalidad, tras inocular a su población con la “vacuna” COVID-19.  Estos 5 países son Islandia, con un aumento del 11,1% en sus tasas de mortalidad en el 2022; Irlanda con un aumento del 4,61% en el 2021; Finlandia con un aumento del 4% en el 2021 y del 14% en el 2022; Estonia con un aumento del 17,6% en el 2021 y del 7,56% en el 2022; y Corea del Sur con un aumento del 5,08% en el 2021 y del 23,72% en el 2022 (tanto los aumentos referentes al 2021 como al 2022 son respecto al 2020).

Tasas de mortalidad en América en los años 2020 y 2021 por cada 1000 habitantes.

El caso de los países americanos, es todavía más escandaloso que el de los países europeos:

Si observamos la grafica de las tasas de mortalidad en América, observamos que en el año 2021, de un total de 21 países, las tasas de mortalidad respecto al año 2020 aumentaron en 16 países, se redujeron en 3, y se mantuvieron estables en 2.

Debemos hacer especial hincapié en Jamaica y Uruguay, que no habiendo sufrido un incremento en sus tasas de mortalidad en el año 2020 respecto a los anteriores, sí sufrieron un incremento en el año 2021aumentando en ambos casos sus tasas de mortalidad en cerca de un 20%Por lo que nos encontramos con otros dos países que solo sufrieron un incremento en sus tasas de mortalidad, de un 16% Jamaica y de un 28,95 Uruguay, tras inocular a su población con la “vacuna” COVID-19.

¡La tasa de mortalidad en Cuba aumentó un 43,20%!

Tasas de mortalidad en los países más poblados del mundo en los años 2020 y 2021 por cada 1000 habitantes (no expuestos en otras gráficas)

A estas alturas no veo necesario remarcar las implicaciones del predominio del color rojo sobre el verde en la gráfica.

Lo que sí remarcaré, es que en la India el incremento de la tasa de mortalidad fue del 28,57%, con un saldo de 13 millones de muertos en el 2021 respecto a los 10 millones del 2020 (+3 millones de muertes) ; que en Rusia el incremento fue aproximadamente del 14,38%, con una sobre mortalidad de 300 mil personas en el año 2021 respecto al 2020; y que en Indonesia el incremento fue de alrededor de un 12,38% con otros 300 mil muertos extraordinarios en el 2021 respecto al 2020.

Y no quiero dejar de mencionar que en el año 2020, China, presunto epicentro de la pandemia, no registro tasas de mortalidad superiores a las de los años anteriores. Tasas que sí ascendieron, aunque poco, en el año 2021 con la inoculación de la “vacuna” COVID-19 a su población con un saldo de 250 mil muertos extra en el 2021 respecto a los tres años anteriores.

Quien a estas alturas de la corrida todavía crea que las “vacunas” COVID-19 salvaron millones de vidas, mejor que acuda al oculista porque no está entendiendo nada de lo que en este artículo dejan perfectamente reflejado las cifras y los colores.

Tasas de mortalidad en la África Negra en los años 2020 y 2021 por cada 1000 habitantes. A continuación veremos una gráfica muy diferente a las anteriores, puesto que prácticamente ninguno de los países incluidos, sufrió un incremento en sus tasas de mortalidad en el año 2020. Me estoy refiriendo a los países del África Negra.

Si observamos la gráfica de las tasas de mortalidad en la África Negra, observamos que en el año 2021, de un total de 35 países, las tasas de mortalidad respecto al año 2020 aumentaron en 26 países, se redujeron en 3, y se mantuvieron estables en 6.

Si bien la gráfica de los países de la África Negra podemos extraer tres conclusiones harto significativas.

La primera de las conclusiones es la de que en el año 2020, antes de comenzar a inocular la “vacuna” COVID-19 en su población, en la África Negra no existían indicios de sobre mortalidad más que en 2 de los 35 países expuestos en la gráfica. Y que tras el comienzo de la inoculación, la sobre mortalidad se expandió como un virus letal por 26 de los 35 países referidos. Dejando muy pocas dudas de que la causa de esta sobre mortalidad fueron las “vacunas” COVID-19.

La segunda  conclusión es la de que el incremento sufrido en las tasas de mortalidad de los países de la África Negra es, con una media del 3,76%, muy inferior al que sufrieron el resto de países del mundo. Y que este incremento mucho menor en sus respectivas tasas de mortalidad, coincide con un también mucho menor índice de “vacunación” en sus poblaciones (con un índice medio de vacunación completa del 7,8%). Por ejemplo, en los países de los continentes americanos, el incremento medio de sus tasas de mortalidad triplica al de la media de los países del África Negra con un 10,32% y un índice de vacunación del 56%.

La tercera conclusión es la que nos marca el color amarillo en el gráfico de la África Negra. De los 35 países incluidos, 33 de ellos no tuvieron tasas de exceso de mortalidad en el año 2020. Y esto, independientemente de lo que nos cuente la narrativa oficial, solo puede significar una cosa: la COVID-19 no entró en la África negra.

¿Cómo es eso posible? ¿Cómo pudo darse la circunstancia de que la pandemia que se propagó por todo el mundo no lo hiciera en la África Negra?

¿Qué tiene la África negra que no tenga el resto del mundo? O, mejor dicho: ¿qué es lo que no tiene?

Lo que no tiene la África Negra son residencias de ancianos

Las residencias de ancianos en África son prácticamente inexistentes por cuestiones éticas y culturales. En África los hijos cuidan de sus padres. Así lo dictan las leyes no escritas del continente negro y está muy mal visto ingresar a los padres y abuelos en este tipo de centros.

La África Negra es otra de las grandes pruebas de que la pandemia del Coronavirus declarada en el mes de marzo del 2020 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue un completo fraude. Porque lo que causo el exceso de mortalidad en el resto del mundo en el año 2020 fueron, principalmente, los protocolos de actuación COVID-19 para las residencias de ancianos; siendo esta la pieza que resuelve el misterio.

¿Cómo pudo la África negra mantenerse ajena a la propagación del Sars-Cov2?

Pudo porque nunca hubo ningún Sars-Cov2 causante de ninguna pandemia.

Millones de ancianos fueron ejecutados en todo el mundo (menos en la África Negra) a base de inyectarles Midazolam y Morfina, tal y como documenté con rigurosidad en mi artículo “Primera ola de la pandemia del coronavirus: 30 mil ancianos ejecutados no por el influjo de un virus asesino, sino por el de los protocolos de la muerte”.

El resto del macabro teatro representado por un virus Sars-Cov2 fantasma que ningún laboratorio del mundo aisló ni mucho menos aun, cultivó en células humanas sanas (para así demostrar su relación con la enfermedad COVID-19 diagnosticada en base al empleo fraudulento de los PCR), fue el resultado de protocolos hospitalarios que tampoco debieron ser aplicados en ningún hospital del mundo, y de la negativa a atender a pacientes con patologías reales, muchas de éstas graves o muy graves. Estos son los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante el año 2020; los cuales precedieron a un crimen todavía mayor que causaría muchísimas más muertes y daños irreparables en la salud de a saber cuantas decenas o incluso centenares de millones de personas desde que la “vacuna” COVID-19 comenzó a ser inoculada.

Para calcular el verdadero exceso de mortalidad causado por esta mal llamada vacuna, resulta engañoso comparar las tasas de mortalidad de los años 2021 y 2022 con las del 2020. La comparación debe realizarse comparándolas con las tasas de mortalidad de los años anteriores al 2020, porque las correspondientes a este último fueron incrementadas artificialmente a base de asesinatos encubiertos con diagnóstico de una enfermedad que, al igual que nunca estuvo presente en la África Negra, tampoco lo estuvo en el resto del mundo. De esta forma nos evitamos que el incremento en las tasas de mortalidad ocasionado por estos homicidios, nos haga creer que el incremento de las tasas de mortalidad ocasionado por la “vacuna” COVID-19 sea mucho menor de lo que realmente es.

A continuación veremos en que se quedaría el exceso real de mortalidad causado por las “vacunas” COVID-19 en los países con mayor número de habitantes del planeta, al realizar ahora la comparación de las tasas de mortalidad del 2021 y 2022 con las del 2019, en lugar de con las del 2020. Solo que ahora, además de comparar los porcentajes en las tasas de mortalidad entre los años referidos, voy a incluir también la cifra exacta de fallecidos extraordinarios de cada país junto al porcentaje del aumento de su tasa de mortalidad por cada 1000 habitantes (todo esto también respecto al año 2019).

También incluiremos en este último listado a España, por ser el país de residencia de la mayoría de lectores de este medio.

Al analizar en esta última gráfica la comparativa de las tasas de mortalidad del año 2021 con las del 2019 (en lugar de con las del 2020), comprobamos que desaparecen los pocos resultados que anteriormente señalaban una disminución en las tasas de mortalidad. Me refiero a los casos de Bangladés y España, que en el año 2021 pasan a incrementar sus tasas de mortalidad respecto al 2019 en un 7,57% y un 7,47%, respectivamente. La ilusión de invariabilidad en las tasas de mortalidad de Méjico y Estados Unidos también se desvanece para mostrarnos unos alarmantes aumentos en sus tasas de mortalidad respecto al año 2019 del 35,93%  y del 19,54%, respectivamente.

Solo las tasas de mortalidad de China y Nigeria se mantienen estables en el año 2021 respecto al 2020, mostrando solo unos ligeros incrementos del 1,27 y 0,69%, respectivamente. De estos dos últimos casos sorprende muy en particular el de China, ya que seguramente es el único país en el mundo que, pese a tener un elevado índice de vacunación, apenas muestra incremento en su tasa de mortalidad respecto al año 2019 (habría que investigar la razón). El caso de Nigeria responde a lo esperado: con un  porcentaje de vacunación prácticamente nulo (del 2%), sufre un aumento en el porcentaje de sus tasas de mortalidad también prácticamente nulo (del 0,69%).

He escogido los diez países con mayor índice de población (+España), los cuales suman alrededor de 3.700 millones de habitantes (la mitad de la población mundial) para hacernos una idea aproximada de los devastadores efectos que está ocasionando la “vacuna” COVID-19 en el mundo. Estamos hablando de una sobre mortalidad de 7.39 millones de personas en el año 2021 con una aumento de la tasa de mortalidad media (de estos 11 países) de un 20,32%. La narrativa oficial puede repetir millones de veces la misma mentira. Pero analizando los datos aportados en este estudio, la afirmación de que las “vacunas” COVID-19 han salvado millones de vidas en el mundo solo podría ser incluida en la categoría de chiste malo, de no ser porque de lo que aquí se está hablando es de un verdadero genocidio. Aunque tampoco quiero olvidarme de las decenas de millones de personas, quizá incluso centenares de millones que, pese a no haber muerto (o de no haberlo hecho todavía) por causa de la inoculación de este tóxico encubierto bajo la fachada de vacuna, han desarrollado un sinnúmero de enfermedades diferentes, muchas de ellas muy graves.