Más de 55.000 cánceres dejaron de diagnosticarse durante los primeros meses de la pandemia, según un amplio estudio internacional

Profesionales sanitarios realizando pruebas diagnósticas de cáncer en un hospital durante la pandemia de COVID-19.

La pandemia de COVID-19 no solo puso a prueba la capacidad de los sistemas sanitarios para atender a los pacientes infectados. También alteró el diagnóstico de otras enfermedades graves. Un estudio internacional liderado por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), organismo especializado de la OMS, estima que más de 55.000 casos de cáncer que se esperaban detectar durante los nueve primeros meses de 2020 nunca llegaron a diagnosticarse en ese periodo debido a las interrupciones sufridas por los servicios sanitarios.

El trabajo, publicado en The Lancet Oncology, constituye uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre el impacto de la pandemia en el diagnóstico del cáncer. Los investigadores analizaron los registros poblacionales de 2,6 millones de pacientes correspondientes a 18 jurisdicciones de siete países: Australia, Canadá, Dinamarca, Irlanda, Nueva Zelanda, Noruega y Reino Unido. El objetivo era comparar el número de diagnósticos registrados entre abril y diciembre de 2020 con el que cabría esperar según la evolución observada entre 2015 y 2019.

Los resultados muestran una reducción global del 16 % respecto a los diagnósticos previstos. En términos absolutos, el estudio calcula que 55.305 cánceres no fueron detectados durante esos nueve meses, una cifra que refleja el fuerte impacto que tuvieron las alteraciones en la asistencia sanitaria durante la primera fase de la pandemia.

El descenso no afectó por igual a todos los tumores. El cáncer de próstata registró la mayor caída, con un 24 % menos de diagnósticos de los esperados. Le siguieron el cáncer de mama y el melanoma cutáneo, ambos con reducciones cercanas al 18 %. Los investigadores observaron un impacto menor en otros tumores, como el cáncer de pulmón o el de ovario, cuyos descensos fueron considerablemente más reducidos.

Según los autores, estas diferencias responden en buena medida al modo en que se detectan unos y otros cánceres. Aquellos que dependen más de programas de cribado o de revisiones rutinarias fueron especialmente vulnerables a la interrupción de la actividad sanitaria, mientras que otros tumores que suelen manifestarse con síntomas más evidentes continuaron llegando con mayor frecuencia a los hospitales.

El estudio atribuye esta reducción del diagnóstico a una combinación de factores. Entre ellos cita la suspensión temporal de programas de cribado, la presión que soportaron los sistemas sanitarios, las restricciones derivadas de los confinamientos y el temor de numerosos pacientes a acudir a centros médicos durante los momentos de mayor transmisión del virus. Los investigadores subrayan que todos estos elementos contribuyeron a retrasar el acceso al diagnóstico oncológico.

No todos los países experimentaron el mismo impacto. Mientras algunas jurisdicciones recuperaron relativamente rápido su capacidad diagnóstica, otras sufrieron descensos mucho más acusados y una recuperación más lenta. Para los autores, estas diferencias ponen de manifiesto que la organización y la capacidad de adaptación de cada sistema sanitario desempeñaron un papel determinante durante la crisis.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que los investigadores analizan también el estadio en el que se detectaron los tumores. Aunque la hipótesis inicial apuntaba a que los retrasos podrían traducirse en un aumento inmediato de cánceres diagnosticados en fases más avanzadas, los datos de 2020 todavía no muestran una evidencia consistente de ese fenómeno. Los autores advierten de que será necesario continuar el seguimiento durante los próximos años para conocer el verdadero alcance de aquellas interrupciones asistenciales sobre la supervivencia y la evolución de los pacientes.

El equipo investigador concluye que las futuras emergencias sanitarias deberían planificarse de forma que los servicios de diagnóstico oncológico puedan mantenerse operativos incluso en situaciones de elevada presión hospitalaria. Preservar la detección precoz del cáncer, sostienen, debe convertirse en una prioridad para minimizar los efectos indirectos que una crisis sanitaria puede tener sobre otras enfermedades de gran impacto en la población.

Fuente original del estudio

Morgan E, Bardot A, Langselius O et al.
International disruptions to cancer diagnosis and stage at presentation during the COVID-19 pandemic in 2020: an International Cancer Benchmarking Partnership (ICBP) population-based study
The Lancet Oncology, 27, 738-750