Las cifras de la pandemia del Coronavirus son un mero asusta viejas

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Por Fernando Vizcaíno Carles.

Han pasado ya casi tres años desde que, a mediados del mes marzo del 2020, la pandemia del coronavirus fue declarada por la OMS. En aquel entonces, las cifras oficiales decían que el el Sars-Cov2, presunto causante de la enfermedad de la COVID-19, había acabado en China con la vida de 2 mil personas. Ignoro si el lector se planteó alguna vez lo que implica esta cifra de fallecidos en un país como China, con sus 1400 millones de habitantes. Más aun teniendo en cuenta que, por ejemplo, en España, con sus no llega a 50 millones de habitantes, mueren todos los años no menos de 5000 personas por causa de la gripe. Lo que porcentualmente equivaldría en China a la muerte de 140 mil personas anualmente por esta misma causa. Por lo que puede concluirse, que la OMS declaró la pandemia del coronavirus en virtud de la que solo podría ser definida como una cantidad ridícula de fallecidos en China por causa de la COVID-19.

Un caso proporcionalmente equivalente, hubiese sido el de declararla por el fallecimiento en España de 134 personas por causa de la gripe. ¿Os imagináis que por esta causa, se hubiese justificado el bombardeo del terror político-mediático sobre la población mundial, así como la vulneración ilegal de sus derechos fundamentales contemplados en Las Constituciones de la mayoría de los países y en tratados internacionales como Los Derechos Humanos? Pues esto fue exactamente lo que ocurrió. Y nos estamos refiriendo a derechos tan fundamentales como el derecho a la libre circulación, el derecho a la atención sanitaria, el derecho al trabajo e incluso el derecho a respirar libremente y permitiendo que el oxígeno llegue correctamente a nuestro cerebro.

A día de hoy, 26 de enero del 2023, las cifras oficiales contabilizan 6.8 millones de fallecidos en todo el mundo por causa de la COVID-19 en los útimos más tres años desde la presunta aparición de la enfermedad en China en diciembre del 2019. 6.8 millones de fallecidos que se dividen en: 1.8 millones en el año 2020; 4.2 millones en el 2021 (con la población ya inoculada con la mal llamada vacuna contra la COVID-19); y 0.8 millones en el 2022 (la reducción de esta cifra en este último año solo se debe a que dejaron de contabilizarse a los fallecidos por cualquier causa como fallecidos por COVID en base a resultados PCR positivos).

Entiendo que muchas personas, para justificar esta toma de decisiones de nuestros gobernantes así como su sometimiento a las mismas, se dirán a sí mismos: “Bueno, es que tenían razón, ya ves que al final contamos con 6.8 millones de fallecidos”. Pero también entiendo que la capacidad de raciocinio de estas personas fue por completo cercenada por el ya referido bombardeo del terror político-mediático. En caso contrario, no habrían perdido el poco grado de discernimiento necesario como para formularse las preguntas lógicas, en lugar de quedar irremediablemente cegados por el miedo inoculado en base a las cifras de fallecidos e infectados por la COVID-19 que, cual martillo pilón, fueron tele transmitidas día y noche, hora tras hora, minuto a minuto, desde cualquiera de entre los principales canales de televisión disponibles.

Algunos ejemplos de las preguntas lógicas referidas: ¿Es realmente significativo el número de estas muertes o contagios como para tener miedo a salir a la calle? ¿A abrazar a mi madre o abuelo? ¿A cruzarme en el ascensor o a conversar con naturalidad como siempre hice con mis vecinos? ¿Realmente está muriendo mucha más gente de lo que lo hace habitualmente por causa de enfermedades clásicas como la neumonía? ¿Corro más peligro de muerte por la COVID-19, que por ser un fumador habitual?

Como respuesta válida a estas preguntas, apuntaré que fallecen anualmente 2.5 millones de personas en el mundo por causa de la neumonía, entre ellos 800 mil niños. 2.5 millones x tres años transcurridos = 7.5 millones; esto es, 0.7 millones más que los fallecidos por causa de la COVID-19. Por causa de enfermedades vinculadas al tabaquismo, fallecen anualmente 8 millones de personas; superando cada año por 1.2 millones, a la cifra de fallecidos por la COVID-19 en el cómputo de los tres años transcurridos.

Con estos nuevos datos a nuestra disposición, podríamos hacernos muchas otras preguntas: ¿Por qué en las televisiones nunca se pasaron tele transmitiéndonos incansablemente el número de personas que enferma y/o muere por causa de enfermedades como la neumonía o las vinculadas al tabaquismo? ¿Por qué durante estos últimos años no nos dijeron que no debíamos temer más a la COVID-19 que a la neumonía o al cáncer de pulmón? ¿Si los gobiernos del mundo se preocupan por nuestra salud tanto como para llegar incluso a arrestarnos domiciliariamente para evitar que nos contagiemos de la COVID-19, porque nunca lo hicieron para evitar que suframos una neumonía? ¿Por qué nos venden tabaco y, para más inri, se lucran con ello? ¿Cómo fue posible que entre los pocos comercios considerados esenciales que tuvieron permiso para permanecer abiertos y comercializar libremente durante el confinamiento, se encontrasen los estancos? ¿Por qué impusieron la obligatoriedad del uso de la mascarilla para evitar el contagio de un virus que mata a 2 millones de personas al año pero te eximían de su uso para fumar unos cigarrillos que matan anualmente a esa misma cantidad de personas multiplicada por cuatro?

Soy consciente de que a nadie le gusta reconocer haber sido engañado. Pero la realidad es que las cifras oficiales de esta pandemia no se sostienen independientemente desde que ángulo las observemos. Nunca estuvieron cerca de justificar ni la irresponsable propagación del virus del miedo mediático, ni las medidas ilegales que se tomaron para evitar su presunta propagación, ni mucho menos aún, el chantaje emocional y la coacción criminal a la que tantos millones de personas fueron sometidos para que se inoculasen una presunta vacuna experimental (todavía en fase 3 de desarrollo) que fue aprobada por la FDA solo para uso de una emergencia que, insisto nuevamente, cifras oficiales en mano, nunca existió.

Ahora bien, ¿realmente ha fallecido en el mundo la nada preocupante cifra de 6.8 millones de personas en tres años por causa de la COVID-19? ¿O acaso esta cifra ha sido engrosada artificialmente en base a personas que fallecieron por otras causas y que fueron contabilizadas como muertos COVID a partir de resultados PCR falsos positivos?

En mi próximo artículo, “Pandemia de falsos positivos PCR” aportaré toda la documentación oficial (que los principales medios de comunicación han ocultado) necesaria para, inequívocamente, demostrar que esto último fue exactamente lo que ocurrió.

Para más información -perfectamente documentada- a este respecto, recomiendo ver la primera y segunda parte del documental de mi autoría “Cronología de un genocidio programado”.