España alcanza el 2% del gasto en defensa y está dispuesta a participar con la OTAN en el Ártico

Por Diego Tudares

La certificación de la Alianza sobre la inversión militar española llega en un contexto de crecientes exigencias estratégicas y presiones desde EE UU, mientras el Gobierno intenta equilibrar financiación, capacidades y el compromiso político con los aliados.

El anuncio de que España ha alcanzado el 2% del PIB en gasto en defensa marca un punto de inflexión en la política militar del país y en su relación con la OTAN. La ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó en Bruselas que la Alianza Atlántica ha validado oficialmente ese objetivo, lo que cierra un debate que llevaba más de una década sobre el nivel real de compromiso español con la seguridad colectiva.

Sin embargo, la certificación llega en un momento en el que el entorno estratégico europeo y las demandas de los aliados apuntan hacia nuevas metas de inversión y participación militar.

Robles subrayó el significado político y estratégico del cumplimiento del objetivo acordado en 2014. “El año pasado alcanzamos el 2% al que nos habíamos comprometido. Yo creo que eso es un dato muy, muy importante. Se ha hecho un análisis muy detallado de la documentación. Expertos de la Alianza Atlántica han estado en España y han confirmado que hemos alcanzado el 2%”, afirmó la ministra antes de participar en la reunión de titulares de Defensa de la organización.

El mensaje busca reforzar la imagen de España como socio fiable dentro de la OTAN, especialmente después de años en los que el país se situó entre los aliados con menor inversión militar relativa.

El proceso que permitió alcanzar ese porcentaje responde a un aumento progresivo del presupuesto militar, respaldado por un plan industrial aprobado en 2025 que destinó más de 10.000 millones de euros a programas de modernización y desarrollo de capacidades. Desde la perspectiva del Gobierno, el incremento no se limita a una cuestión contable, sino que pretende mejorar la operatividad y la modernización de las Fuerzas Armadas.

En esa línea, Robles insistió en que “España habla de realidades, no de desiderátums. Y la realidad es que hemos llegado al 2% de inversión cuando hace dos años nadie creía que íbamos a llegar”.

No obstante, el debate dentro de la OTAN ya ha evolucionado hacia objetivos más ambiciosos. Estados Unidos y otros aliados consideran que el 2% resulta insuficiente para afrontar los desafíos estratégicos actuales, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania, la creciente rivalidad con Rusia y China y la necesidad de reforzar infraestructuras de seguridad y resiliencia.

El embajador estadounidense ante la Alianza, Matthew Whitaker, expresó esa posición con claridad al señalar: “A corto plazo, creo que España está haciendo grandes progresos. Creemos que las capacidades a las que se ha comprometido implicarán un 3,5% de gasto real en defensa más otro 1,5% en resiliencia e infraestructuras. España discrepa y considera que puede hacerlo con menos. Si pueden hacerlo de manera más barata, fantástico”.

El contraste entre las expectativas estadounidenses y la estrategia española revela una divergencia sobre cómo medir el compromiso con la defensa colectiva. Mientras Washington defiende un aumento cuantitativo del gasto, Madrid insiste en priorizar la eficacia y la capacidad operativa. La ministra lo sintetizó al afirmar: “Nosotros creemos que no es un tema de cifras, es un tema de capacidades”. Esta posición refleja una apuesta política del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha reiterado su intención de no superar el 2% del PIB, incluso ante las presiones externas.

En paralelo al debate presupuestario, España intenta reforzar su papel dentro de la Alianza mediante una mayor participación operativa. La propuesta de crear una misión naval conjunta en el mar Báltico muestra esa estrategia de compensación: aumentar la implicación militar sin comprometer incrementos adicionales de gasto. La iniciativa pretende coordinar capacidades marítimas europeas para reforzar la presencia en una zona especialmente sensible frente a Rusia y vinculada a la seguridad energética y al futuro del conflicto en Ucrania.

Además, España ha mantenido su presencia en diversas operaciones del flanco oriental de la OTAN, incluyendo despliegues en países bálticos y contribuciones a misiones de vigilancia aérea. Robles destacó esta implicación al señalar que “España participa siempre en todas las misiones de la Alianza Atlántica en función de las capacidades que se nos requieran en cada momento, tanto por vía marítima como por vía aérea”. Este enfoque busca consolidar la credibilidad militar del país a través de la participación directa en operaciones estratégicas.

La política de defensa española también se encuentra condicionada por la relación con Estados Unidos, que en el último año ha intensificado sus exigencias hacia los aliados europeos. Las presiones de la administración estadounidense, que incluso llegó a plantear aranceles contra España por su nivel de inversión, reflejan un cambio en el equilibrio transatlántico, donde Washington exige mayor corresponsabilidad financiera y operativa de sus socios europeos.

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