El gran apagón desata una guerra de responsabilidades entre eléctricas

Red eléctrica. / Pixabay.

Por María P. Martínez

Las eléctricas elevan el pulso en el Senado y apuntan al operador del sistema como clave del ‘cero eléctrico’.

El gran apagón peninsular del 28 de abril de 2025 ya no es solo un incidente técnico: es un campo de batalla narrativo. En la comisión del Senado que investiga el denominado ‘cero eléctrico’, los máximos responsables de las principales energéticas han dibujado un mapa de responsabilidades que sitúa en el centro al operador del sistema, Red Eléctrica. Mientras Endesa sostiene que hubo señales previas ignoradas y falta de reacción, Iberdrola niega que su macroplanta fotovoltaica en Badajoz fuera el detonante de la oscilación que precedió al colapso.

Lo que está en juego no es solo la reconstrucción técnica de una caída del sistema. Es la credibilidad de un modelo energético cada vez más apoyado en renovables intermitentes, la confianza de millones de consumidores y la arquitectura misma de la gestión eléctrica en España. Las comparecencias en la Cámara Alta han dejado claro que el sector no habla con una sola voz.

El consejero delegado de Endesa, José Bogas, fue tajante. Según su relato, “hubo muchas señales claras de que algo estaba ocurriendo” en el sistema eléctrico antes del apagón, pero el operador “no actuó con la agilidad suficiente ni en la previsión, ni en la programación ni en la corrección de los errores”. No se trató, en su opinión, de un rayo en cielo despejado, sino de una tormenta anunciada.

Bogas aseguró que su compañía cumplió con todos los requerimientos y que incluso comunicó por escrito las inestabilidades detectadas meses antes. Recordó que a comienzos de 2025 enviaron una carta solicitando la convocatoria del Grupo de Análisis de Incidentes, petición que —según su versión— fue considerada innecesaria por Red Eléctrica. Técnicos de ambas partes, afirmó, compartían la sensación de que “algo estaba pasando y no eran capaces de controlarlo”.

Endesa apunta a la programación del sistema

La tesis de Endesa va más allá de un reproche genérico. Bogas situó la causa “central y determinante” del apagón en la programación realizada por el operador del sistema, que —según explicó— contemplaba un número reducido de grupos con capacidad para gestionar dinámicamente la tensión. En un entorno con alta penetración de renovables, esa decisión habría dejado al sistema en una posición frágil.

El directivo subrayó que la combinación de esa programación con la imposibilidad de que determinadas instalaciones eólicas y solares gestionaran la tensión de forma dinámica “conllevó una situación de riesgo”. Es una afirmación de calado: no cuestiona las renovables en sí, pero sí el encaje operativo en momentos críticos.

En el trasfondo aparece un debate incómodo. El sistema eléctrico español ha avanzado con rapidez hacia un mix más limpio, pero la gestión de la estabilidad —frecuencia, tensión, oscilaciones— exige herramientas y previsión milimétrica. Para Endesa, el operador infravaloró las señales de inestabilidad y reaccionó tarde.

Iberdrola rechaza ser el “origen” de la oscilación

En paralelo, el consejero delegado de Iberdrola España, Mario Ruiz-Tagle, acudió al Senado con otro frente abierto: la planta fotovoltaica Núñez de Balboa, ubicada en Badajoz. Por primera vez reconoció públicamente la titularidad de la instalación, pero negó con rotundidad que fuera “el origen” de la oscilación de 0,6 hercios registrada media hora antes del apagón.

Desde la matriz de Red Eléctrica, Redeia, su presidenta, Beatriz Corredor, había asegurado que esa oscilación extraordinaria provenía de la “mala gestión y del mal control” de una planta fotovoltaica de alta potencia en Badajoz. Sin citar a Iberdrola, apuntó además a un fallo similar documentado el año anterior.

Ruiz-Tagle respondió que la planta “lo único que hace es recibir las oscilaciones de la red y acompañarlas”. Admitió que en marzo de 2024 se produjo una prueba de evacuación por un solo transformador tras un fallo en otro, lo que generó una oscilación de 0,8 hercios que desapareció sin consecuencias. Pero insistió en que el día del apagón “nadie tocó nada” en la instalación.

Una batalla por el relato energético

Más allá de los tecnicismos, la comisión ha revelado una fractura en el relato del apagón. Endesa sugiere que el sistema estaba tensionado y que el operador no calibró bien el riesgo. Iberdrola defiende que su planta no desató la crisis y que no hubo error operativo alguno. Red Eléctrica, por su parte, ha señalado comportamientos indebidos en instalaciones concretas.

El resultado es una cadena de responsabilidades cruzadas que complica la narrativa pública. Para el ciudadano, el apagón fue una interrupción abrupta de la normalidad. Para las compañías, es ahora un pulso reputacional y estratégico. En juego están posibles reformas regulatorias, inversiones en flexibilidad y almacenamiento, y la adaptación técnica de las renovables.

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