El tratado New START, último acuerdo vigente de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, expiró el 5 de febrero de 2026 sin que exista un marco que lo sustituya. Con su final, desaparecen los límites formales que durante más de una década regulaban el número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas por ambas potencias.
Firmado en 2010, el acuerdo establecía un máximo de 1.550 ojivas y contemplaba mecanismos de verificación, incluyendo inspecciones mutuas e intercambio de datos. Estos sistemas permitían mantener cierto grado de transparencia incluso en contextos de tensión política.
En los últimos años, sin embargo, el tratado había perdido efectividad. Rusia suspendió su participación en 2023, y las inspecciones quedaron interrumpidas. La expiración formal confirma el deterioro progresivo de los instrumentos de control nuclear heredados de la Guerra Fría.
Sin un acuerdo en vigor, Estados Unidos y Rusia ya no están sujetos a restricciones legales sobre sus arsenales estratégicos. Tampoco existen mecanismos obligatorios de verificación. Esto introduce un escenario de menor visibilidad sobre las capacidades del otro, lo que puede dificultar la evaluación de riesgos y aumentar la incertidumbre en la planificación estratégica.
El cambio se produce en un contexto internacional más complejo que el de hace una década. A la relación bilateral entre Washington y Moscú se suma el crecimiento del arsenal nuclear chino y el desarrollo de nuevas tecnologías militares, como los sistemas hipersónicos o las capacidades autónomas.
Analistas en materia de seguridad apuntan que el fin del tratado no implica necesariamente un aumento inmediato de armamento, pero sí elimina un marco de referencia que contribuía a la previsibilidad. En ausencia de ese marco, las decisiones futuras dependerán en mayor medida de dinámicas políticas y estratégicas en evolución.

