Lo que dice el análisis de Germán Fernández sobre la teoría del grafeno en las vacunas COVID-19

Desde el inicio de la vacunación masiva contra la COVID-19, una de las afirmaciones más persistentes en redes sociales ha sido la supuesta presencia de grafeno u óxido de grafeno en algunas vacunas. Un análisis reciente y detallado publicado por el divulgador científico Germán Fernández revisa el origen de esta narrativa y examina con rigor los informes que la impulsaron, ofreciendo un contexto clave para entender por qué estas afirmaciones no se sostienen científicamente.

La hipótesis del grafeno en las vacunas comenzó a circular en 2021, tras la difusión de varios informes elaborados por el químico Pablo Campra Madrid, profesor de la Universidad de Almería. En estos documentos, Campra describía observaciones realizadas sobre una muestra que afirmaba proceder de un vial de la vacuna Pfizer-BioNTech. Mediante técnicas como microscopía óptica y espectroscopía Raman, el investigador interpretó haber detectado estructuras compatibles con materiales derivados del grafeno.

Tal como explica Germán Fernández en su análisis, estos informes no fueron publicados en revistas científicas ni sometidos a revisión por pares, un paso esencial para validar resultados, detectar errores metodológicos y descartar interpretaciones incorrectas. Además, los documentos se difundieron directamente al público general, sin el filtro habitual del debate académico.

Uno de los puntos más críticos señalados por Fernández es la falta de trazabilidad de la muestra analizada. No existe constancia verificable de que el vial utilizado proviniera directamente del circuito oficial de distribución ni de que no hubiera sido manipulado o contaminado antes del análisis. En investigación científica, este aspecto es fundamental: sin una cadena de custodia clara, cualquier conclusión queda seriamente comprometida.

El propio Campra reconoció en sus escritos que los resultados eran preliminares y que se necesitarían análisis adicionales para confirmar la naturaleza de los materiales observados. Sin embargo, estas cautelas desaparecieron rápidamente en su difusión mediática, donde los informes fueron presentados como pruebas concluyentes.

El análisis de Germán Fernández dedica especial atención a las limitaciones de las técnicas utilizadas. La espectroscopía Raman, aunque útil, puede generar señales similares entre sustancias diferentes, especialmente en muestras complejas como una vacuna, que contiene diversos excipientes. Según explica Fernández, componentes declarados oficialmente, como la sacarosa, pueden producir espectros que, si se interpretan sin controles adecuados, se confundan con otros materiales.

Este detalle resulta clave, ya que en una revisión posterior de su propio trabajo, el mismo Campra reconoció que análisis más afinados apuntaban a la presencia de sacarosa —un ingrediente conocido de la vacuna— y no de grafeno, debilitando aún más la hipótesis inicial.

Frente a estas afirmaciones, las agencias reguladoras del medicamento han sido claras. Tanto la Agencia Europea de Medicamentos como otras autoridades sanitarias han confirmado que las vacunas contra la COVID-19 no contienen grafeno ni derivados de este material. Sus composiciones están publicadas, auditadas y sujetas a controles de calidad estrictos.

El análisis de Fernández subraya que introducir un material no declarado en una vacuna haría imposible su aprobación regulatoria, y que no existe ninguna evidencia independiente y validada que respalde la narrativa del grafeno.

Lo que comenzó como un informe preliminar con múltiples limitaciones técnicas terminó convertido, a través de redes sociales y canales alternativos, en una afirmación rotunda que alimentó teorías conspirativas, incluyendo supuestos efectos magnéticos o vínculos con tecnologías como el 5G. Según señala Fernández, este proceso ilustra cómo la ciencia fuera de contexto puede ser utilizada para reforzar narrativas de desinformación.

Tras revisar los informes originales, sus limitaciones, las aclaraciones posteriores y la postura de la comunidad científica, el análisis de Germán Fernández concluye que no existe base científica sólida para afirmar que las vacunas contra la COVID-19 contengan grafeno. La evidencia disponible apunta a errores de interpretación, problemas metodológicos y una difusión acrítica de resultados no validados.

Fuente:

Análisis Exhaustivo de los Informes de Pablo Campra sobre la Presencia de Grafeno en Vacunas COVID-19 – Germán Fernández